Mary Shelley nació un 30 de agosto de 1797 y, con solo 18 años, dio vida literaria a una de las criaturas más famosas de la literatura: Frankenstein. Pero detrás de su gran obra hay mucho más que una historia de terror: hay una mujer adelantada a su tiempo, con una familia poco convencional.
Mary Godwin (más adelante sería Mary Shelley) creció en un entorno poco habitual, muy avanzado para el contexto de la época: Mary Wollstonecraft, su madre —que murió pocos días después del nacimiento de la escritora—, fue una pionera del feminismo y defensora de la educación de las mujeres, y su padre, William Godwin, filósofo anarquista y escritor, procuró que Mary recibiera una educación poco convencional para una chica de principios del siglo XIX, fomentando la lectura, el pensamiento crítico y el autodidactismo, y permitiéndole tener contacto con intelectuales de aquellos años y participar en debates sobre filosofía, política, ciencia y literatura.
En un momento en que la literatura era todavía un mundo mayoritariamente masculino, Mary Shelley, con solo 18 años, se atrevió a escribir una obra de lo más innovadora: un relato gótico que combinaba terror, ciencia, filosofía y especulación sobre los límites de la vida.
El verdadero nacimiento de Frankenstein
Todo surgió durante el verano de 1816, mientras se encontraba en Suiza con Percy Bysshe Shelley, con quien mantenía una relación que había provocado un auténtico escándalo, pues él estaba casado —con una mujer que acabó suicidándose— y Mary había huido de casa con él. Con ellos se encontraban Lord Byron, su pareja Claire Clairmont y el médico John Polidori. El grupo pasó muchas horas recluido debido al mal tiempo, y Byron les sugirió escribir una historia de fantasmas, propuesta que dio a Mary la idea de un científico capaz de crear vida a partir de restos humanos. Aquel relato acabaría convirtiéndose en Frankenstein o el moderno Prometeo, publicado en 1818, una historia que se alejaba del terror tradicional y anticipaba algunos de los grandes temas de la ciencia ficción. La novela apareció inicialmente de manera anónima y despertó curiosidad, pero Mary todavía estaba muy lejos de convertirse en la figura literaria que hoy conocemos.
Después de la publicación de Frankenstein en 1818, Mary Shelley continuó escribiendo y viviendo entre Inglaterra e Italia con Percy Bysshe Shelley. Su vida estuvo marcada por diversas pérdidas familiares y, en 1822, por la muerte de su marido en un naufragio.
Viuda con solo 24 años, Mary regresó a Inglaterra con su hijo y se dedicó a la escritura y a preservar la obra de Percy Shelley. Publicó varias novelas, entre ellas The Last Man (1826), además de numerosos relatos, ensayos y libros de viajes. Murió en Londres en 1851, a los 53 años.
Mucho más que una historia de terror
Frankenstein continúa interpelándonos porque habla de cuestiones que todavía hoy son actuales: los límites de la ciencia, la responsabilidad sobre nuestras creaciones, la ambición humana y las consecuencias de jugar con la vida. Más de doscientos años después, la criatura de Mary Shelley continúa inspirando todo tipo de adaptaciones y nuevas lecturas. Y es precisamente el 30 de agosto, aniversario de la escritora, cuando se celebra el Frankenstein Day, una efeméride que nos invita a recordar a la mujer que había detrás de uno de los grandes mitos de la literatura universal.
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