Jaume Fàbrega. Historiador, escritor, periodista y consultor gastronómico. Es considerado el primer escritor gastronómico del Mediterráneo y un referente en la forma innovadora de presentar la cocina como un patrimonio cultural.
La cocina catalana tuvo su edad de oro en la época medieval. En todos los sistemas culinarios hay platos que llevan el nombre del país de referencia. La denominación “a la catalana” tuvo cierto éxito en Cuba y en Madrid durante el siglo XIX. Las relaciones entre Cuba en el transcurso del siglo XIX y principios del XX fueron muy fecundas. La participación de los comerciantes catalanes en el tráfico de esclavos es un hecho demostrado. El retorno de los indianos significó el retorno de buena parte de los beneficios y los capitales generados en la isla con mano de obra esclava a través del tráfico de esclavos. La industria azucarera era la más importante. Los catalanes, de Cuba y América llevaron el arroz a la cubana, las galletas llamadas cubanos, los primeros cócteles, el quemado. El quemado, pero, es originario de la Costa Brava. El invento de los destilados se debe a otro gran personaje catalán medieval, Arnau de Vilanova.
La cocina catalana de autor es considerada en estos momentos una de las primeras del mundo. La noción cocina catalana es un hecho asumido. Detrás de la cocina catalana actual hay la historia de un país. La geografía es un dato importante para entender la cocina de cualquier país. Cada cocina tiene ciertas preferencias por ciertos ingredientes. En el campo del pescado y el marisco, la cocina catalana ofrece tradicionalmente una gran riqueza. La pastelería es importante, tradicional e incluso ritual. Ferran Agulló escribió que hay cuatro bases fundamentales: el sofrito, el pisto, el alioli y la picadura. Desde el punto de vista de la historia, la aportación al patrimonio culinario de la humanidad es fundamental.
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