La acusación muestra que la estela del #MeToo ha ido mucho más allá de la denuncia de unos mecanismos estructurales de poder y la subsiguiente toma de conciencia. Ha servido para poner en cuarentena un sexo antes representado con cierta ingenuidad en la pantalla, un sexo femenino visto desde los años de los beat y los hippies como contraposición a la violencia del sexo masculino, inevitablamente esto ha provocado el origen de la trampa moralista y la confusión de la sexualización y/o cosificación. Algo que ha dividido a las propias feministas, como a finales de los 70 lo hicieran figuras como Catharine MacKinnon, cuestionando el sistema judicial, enfrentando la presunción de inocencia del acusado con la necesidad de no poner en duda el testimonio de la denunciante, un debate de difícil solución que, actualmente, sigue polarizando posturas, ya que plasma esa parte de las mujeres activistas y de izquierdas que no están dispuestas a poner en duda el in dubio pro reo como base de la salud de la democracia. Tiene claras referencias a películas como Miller’s Girl, Cruce de acusaciones, La caza o Sala de profesores. Magistral, hábil y realista, con escenas impactantes entre el contraste del thriller judicial francés y el double entendre, como lo fue en su día Furia. ¡No puedes perdértela!
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